Efesios 4   

   Sermones Expositivos - Rut, Efesios, Santiago, 1 Juan
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Sermón sobre Efesios 1:15:23 ~ "En mis oraciones" ~ por John Abels con todos los derechos reservados. 

          Ya hemos tenido tres estudios en la serie sobre el libro de Efesios. Primeramente estudiamos los vv. 1,2 que fue la introducción y la salutación. Entonces, en los vv.3-6 estudiamos una doxología, un himno majestuoso, de alabanza a Dios Padre. Allí Pablo dio una descripción de las bendiciones divinas. Dios "nos bendijo con toda bendición espiritual." El nos escogió. El nos predestinó. Estudiamos la doctrina de la elección y la presciencia de Dios. Entonces, en los vv. 7-14 vimos una enumeración de las bendiciones divinas. Pablo nos la dio con otra doxología a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. En Cristo tenemos la redención, la sabiduría para entender los grandes designios de Dios, y una herencia santa. A la vez recibimos el don del Espíritu Santo. El nos regenera y llega a ser nuestro refugio y sello. El Espíritu Santo es la garantía de que Dios nos libertará del pecado y nos entregará a Cristo en la gloria.

          Ahora, después de haber anunciado éstas verdades tan grandes y solemnes, Pablo es movido a la oración. En la porción que nos toca hoy, estudiaremos esa oración. (vv.15-23)

          Vv. 15,16 "Por esta causa también yo habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones."

          Pablo acaba de recordar los tiempos cuando ellos pusieron su fe en Jesús. Se maravilla de lo mucho que han crecido. Reconoce el amor mutuo que existe entre ellos y que ha sido manifestado a todos los hermanos. Y esto lo lleva a una acción de gracia sincera. Constantemente Pablo alaba a Dios por ellos. Nunca cesa de dar gracias por ellos.

          Vv. 17-19, "para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cual es la esperanza a que él os ha llamado, y cuales las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cual la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza."

          Pablo dirige sus oraciones al "Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria." Esto, en ningún sentido hace desmerecer a Cristo. Dios es el Dios de Cristo en el sentido que el es Dios cuya obra Cristo vino a cumplir, y por quien Cristo fue enviado al mundo. Cristo era verdadero hombre mientras andaba los caminos de Galilea, y como tal tenía a Dios por su Dios, así como nosotros lo tenemos por nuestro Dios.

          Pablo ora para que los Efesios sepan "cual es la esperanza a que El (los) ha llamado." (v.18) Hemos sido llamados a una herencia, y es nuestra esperanza. En I Corintios 13:13 leemos, "Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y el amor...."

          La esperanza es una de las tres cualidades que permaneces. La fe vuelve la vista al Calvario y la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Eso lo estudiamos la semana pasada en el v.7 "en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados."

          El amor es para el presente y para nuestras relaciones con Dios y con nuestro prójimo. En cambio, la esperanza es para el futuro. Es lo que nos ayuda a ver en el mañana un día mejor, a pesar de lo que pueda haber pasado ayer u hoy.

          La esperanza es un tesoro de mucho valor. Y es muy triste ver a tantos que viven día tras día sin esperanzas de ningún tipo. Yo no se como pueden seguir existiendo.

          Sin embargo, a veces nosotros tomamos muy ligeramente la esperanza que hemos recibido de Dios. Se nos olvida el gran precio que fue pagado para darnos la esperanza glorioso de una herencia con El: la muerte del Hijo Unigénito de Dios. Se nos olvida la nueva vida que la esperanza imparte en nosotros cada día. Por eso, Pablo quiere que sepamos y comprendamos cual es nuestra esperanza en Cristo. El apóstol Pedro dice en I Pedro 3:15 que debemos ser capaces de dar razón de la esperanza que habita en nosotros. Igual que Pablo, nosotros debemos sentirnos agradecidos por el don de la esperanza y tratar de vivir, constantemente, en ella.

          Sí, Pablo ora fervientemente por los efesios, y menciona tres cosas en particular.

          Lo primero que le pide a Dios es que les conceda iluminación espiritual, a fin de que puedan entender lo que ha sido revelado en Jesús. V. 17b "os de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él." No es un conocimiento del mundo mental; no es una teoría. Es algo personal; ésta iluminación es una experiencia íntima con Dios. Es lo que todo cristiano debe tener.

          En seguida, Pablo ora, específicamente, para que se les abran los ojos del corazón. V.18a "alumbrando los ojos de vuestro entendimiento." El quiere que tengan la misma experiencia de los dos discípulos en el camino de Emaús, después de la resurrección de Cristo. Estos habían gozado sin saberlo, un tiempecito de comunión con el Señor resucitado, (Lucas 24:32) "y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?" Pablo sabía que con la ayuda del Espíritu, los efesios llegarían a entender, en una manera más amplia, la esperanza a la que habían sido llamados y que llegarían a entender las riquezas que contiene la gloria de la herencia de los creyentes. Claro, Pablo ha tratado de explicar esta gran verdad - que se les abran los ojos del corazón - pero ni siquiera sus escritos inspirados son capaces de explicar una verdad tan profunda. Nosotros, también, necesitamos recibir tal iluminación.

          El apóstol añade otra petición. Quiere que los efesios conozcan la supereminente grandeza del poder de Dios: ese poder que El manifiesta en su trato con los que han creído. V.19a "y cual la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos...."

          Con tal poder Dios produce en el creyente, "así el querer como el hacer, por su buena voluntad." (Fil. 2:13) Ahora, veamos el poder de Dios. Vamos a contestar la pregunta: ¿De qué forma se manifestó el poder de Dios con respecto a la venida de Cristo a esta tierra?" vv.19b-21

          "Según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero;"

          En estos versos vemos la extensión de la oración de Pablo pero cambia de petición a adoración y alabanza. Este pasaje es una descripción de la exaltación y la gloria del Señor Jesucristo, y muestra que el poder divino que actúa en los creyentes (19a) es el mismo que Dios usó al levantar a Cristo de entre los muertos y exaltarle al trono del universo. Aún cuando este poder excede toda descripción, Pablo trata de señalar la demostración suprema en la persona de Cristo. Lo describe como la "operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos." Por tanto, el poder de Dios que actúa en el creyente es el mismo poder de la resurrección. (Filipenses 3:10) La petición de Pablo en este verso es "a fin de conocerle, y el poder de su resurrección...." Es el poder que levantó a Cristo de los muertos, lo sentó a la diestra de Dios, y le dio supremacía sobre todo el universo. ¡Qué tremendo aliento nos debe dar esta verdad!

          Sí, la grandeza del poder de Dios se manifestó en las grandes obras relacionadas con Cristo. Por ejemplo, el Padre lo resucitó de entre los muertos. La muerte, el peor enemigo de la humanidad, no tuvo poder alguno para retenerle. Hechos 2:24 dice, "al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella."

          Ese mimos poder se manifestó en la ascensión. Cuando el Señor Jesucristo regresó al cielo, fue exaltado a la diestra del Padre. El fue colocado en una posición superior a todo gobierno y autoridad. Todos los poderes y dominios del universo se hallan por debajo de El. Y, Según Filipenses 2:9-11, Dios "le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre." El nombre de Jesucristo, el Señor, es un verdadero título de soberanía y se halla por encima de toda otra cosa que se puede mencionar, ya sea de este mundo o del venidero.

          Pablo llega a la conclusión de que el Padre ha puesto todas las cosas bajo los pies del Hijo. Vv.22,23 "y sometió todas las cosas bajos sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo." En otro texto (1 Corintios 15:27) el apóstol afirma que se da por supuesto que esto no incluye al Padre. Dice: "Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetos a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas."

          Y en el mismo pasaje reconoce también que algunas cosas aún no están sujetas por completo a Cristo. Por ejemplo, una de ellas es la muerte. I Corintios 15:25,26, "Porque preciso es que el reina hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte."

          Pero, más importante aún es el hecho de que el Padre ha hecho a Cristo la cabeza de la iglesia. Aquí Pablo usa una analogía del cuerpo humano y afirma que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Dios estableció una relación única entre Cristo y la iglesia. Por eso, El tiene autoridad suprema sobre la iglesia. El la guía; El la gobierna; El la controla. La iglesia es totalmente responsable a El. También esto implica una unión vital, o indispensable, entre Cristo y nosotros, una unión estrecha y real. Por lo tanto es una relación tierna, íntima, y indisoluble. Y, también, esto enseña que nosotros, la iglesia, somos completamente dependientes de Cristo. De El recibimos la vida, el poder, y todo lo demás que se necesita para nuestra experiencia espiritual.

          Las lecciones prácticas que se pueden aprender de este capítulo son varias. El pasaje demuestra la necesidad de pensar con claridad todo lo que tiene que ver con nuestra fe. En una época cuando hay una explosión del conocimiento en tantas esferas, nosotros, los creyentes, debemos escrudiñar muy bien las sagradas escrituras para estar siempre preparados para responder a todo él que nos pida razón de la esperanza que tenemos. I Pedro 3:15

          También debemos apropiar, o poner en práctica, las realidades espirituales. La esperanza, la herencia, y el poder de Dios nos deben ser más que meras realidades espirituales. La esperanza, la herencia, y el poder de Dios nos deben ser más que meras realidades guardadas en nuestra mente. Se deben poner en práctica para que fortalezcan nuestra vida día por día.

          Claro, la verdad culminante de este pasaje gira alrededor de Cristo como la cabeza de la iglesia. De una manera práctica, esto significa que cada iglesia local está sujeta a la autoridad de Cristo. Cada acción de la iglesia debe ser una expresión de su voluntad. Tenemos que cumplir sus enseñanzas decentemente y con orden. Cada servicio debe ser para la honra y gloria del Señor.

          Todo esto es posible porque lo hacemos por medio del poder inagotable de Dios, expuesto a nosotros en Cristo. Pablo dijo, y nosotros debemos poderlo decir, "todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Filipenses 4:13

          O, mis hermanos, son maravillosas las bendiciones en Cristo. El nos ha 1. Bendecido ( v.3) 2. Escogido en Cristo (v.4) 3. Adoptado como hijos (v.5) 4. Redimido y perdonado (v.7) 5. Dado una herencia (v.11) 6. Sellado con el Espíritu (v.13) 7. Dado el Espíritu de sabiduría y revelación (v.17) 8. Dado esperanza (v.18) 9. Revelado la grandeza de su poder para con nosotros (v.19) 10. Hecho parte de su cuerpo, la iglesia (vv.22,23). Es algo realmente glorioso, un inmenso tesoro, y es totalmente nuestro en Cristo.

 
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